Cuando se llega a Madrid por primera vez, parecería que en la Puerta del Sol o en la Plaza Mayor, nos espera una verbena, de aquellas de zarzuela o canciones de Serrat o de Sabina, que una organillera estará dándole vueltas a la manivela y arrancando del viejo instrumento un chotis. Si alguna vez escuchamos la música de la zarzuela La gran Via del maestro Chapiz tal vez nos crucemos con el caballero de gracia, elegante, con bastón y ese aire madrileño de elegancia, un verdadero dandy. Si la recien llegada es la chulapa o morena en su fantasía, tal vez espere que alguien la convierta en emperatriz de Lavapies y le alfombre La Gran Via de claveles. Una amiga me comentaba los otros días que al ver las fotos de la Cibeles o la Puerta de Alcalá la vió como si la conociera, como si hubiera estado allí en algún momento y sin haber estado fisicamente. Desde luego que la magia de la fantasía la disparó alguna canción; Sabina, Serrat o Luisito Aguilé.
Un recuerdo para Luisito por su dilatada carrera en Buenos Aires con su música y canciones españolas, y muchisimas temporadas en el teatro Avenida.Es que las canciones tienen esa cualidad y si son de Agustin Lara mucho más. Allá por 1948 escribió su chotis a Madrid que incluyo en su película La Faraona, con Lola Flores y él mismo cantando su música y su letra en una especie de verbena, o paseo en un lugar público como la Puerta del Sol y bailando al son del organillo.
Esta denominación del género madrileño más popular en realidad proviene del alemán schottisch que significa escocés. Esta música llega a Madrid a mediados del siglo 19 y se bailaba como polka alemana. Plena época de una prolífica producción de la zarzuela, genero chico español, y rapidamente se asimila a la zarzuela como ritmo bailable y se castellaniza el término bajo el nombre de chotis. Llegó a nuestro país asentandose en Corrientes y el litoral hasta Misiones haciendose popular por el aporte de la inmigración alemana, polaca y rusa, aunque el ritmo no es parecido al chotis español.
Por suerte, en pleno 2010 tenemos a you tube y ahí encontré el fragmento original de la época, interpretado por Agustin Lara y Lola Flores.
Mi llegada incluyó un sábado, casualmente el primer sábado luego de varios fines de semana lluviosos y con mucho frio, de modo que a la hora de la verbena estaba en Puerta del Sol buscando una organillera; no había ninguna, ninguna dama con mantón de Manila, pero esos lugares públicos congregan multitudes, gente que simplemente camina por la Plaza o la Gran Via , los locales gastronómicos a full, el mercado San Miguel totalmente colmado. Al desviarme una cuadra de la Gran Via hacia la Calle de Alcalá lo encontre al Caballero de Gracia, ese era el nombre de la calle. Todo nostalgia para los que vivieron esas épocas, para el resto solo gente joven o no tanto, alegres, sonrientes, departiendo en una mesa si han ido de tapas, o disfrutando de su sábado libre. Un aire de verbena pero no como la de la película. Eso si, ahí está y sigue ahí La puerta de Alcalá, la Cibeles, La gran vía, la Puerta del Sol, solo que se accede con el metro que no necesita cochero ni palenque para estacionar el coche de caballos. Es que el tiempo ha transcurrido pero por suerte se conservan los recuerdos y esos sitios con tanta historia y tan queridos para los madrileños.
Llega el público a la Puerta del Sol, a disfrutar de su tiempo libre como si fueran de verbena.


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